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Cuba en la oscuridad: la verdad detrás del colapso eléctrico
17-09-2026 | Cuando los cubanos salen a protestar lo hacen de forma legítima, porque la desesperación es real y cotidiana. Es una falacia redireccionar la responsabilidad hacia las sanciones estadounidenses: el verdadero responsable es el régimen, que ejerce una pésima gestión y prioridades políticas erradas. La población vive sin sosiego, condenada a la oscuridad y al atraso, mientras quienes gobiernan no pagan los platos rotos.

Desde finales de los años ochenta comenzó el desmoronamiento del sistema electroenergético cubano. La falta de reparaciones y de reparaciones capitales en las unidades termoeléctricas marcó el inicio de un deterioro que nunca se detuvo. Tampoco se invirtió en la biomasa cuando Cuba era un cañaveral, ni en el etanol, ni en la utilización intensiva de los aerogeneradores pese a estar expuestos a los vientos alisios, ni en los paneles solares de manera suficiente y con almacenamiento adecuado.

La concentración en la agenda política interna y externa absorbió la energía inversionista y productiva, mientras se mantenía un sector de servicios presupuestado desproporcionado para el tamaño de la economía, con un movimiento deportivo, cultural y educativo, amén del gasto en propaganda y politiquería, que se sostenía a costa del abandono de la infraestructura vital. La falta de libertad evitó la crítica oportuna y bloqueó cualquier corrección de rumbo.

Hoy los cubanos tienen alumbrones  de dos o tres horas diarias, a veces cada dos días, bajos voltajes y constantes caídas del servicio que ponen en riesgo sus electrodomésticos sin compensación alguna. La falta crónica de electricidad afecta directamente el suministro de agua, generando una cadena de protestas espontáneas. Cuando los cubanos salen a protestar lo hacen de forma legítima, porque la desesperación es real y cotidiana. Es una falacia redireccionar la responsabilidad hacia las sanciones estadounidenses: el verdadero responsable es el régimen, que ejerce una pésima gestión y prioridades políticas erradas. La población vive sin sosiego, condenada a la oscuridad y al atraso, mientras quienes gobiernan no pagan los platos rotos.

 
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