
La Constitución cubana reconoce explícitamente el derecho al agua potable y al saneamiento, pero la realidad es que millones de ciudadanos enfrentan cortes constantes, infraestructura deteriorada y servicios colapsados.
En Camajuaní, como en otras localidades, las oficinas del sector permanecen casi siempre cerradas, sin servicio de atención al cliente y con plantillas mínimas, reflejo del abandono institucional.
Derecho constitucional al agua
- Artículo 11 y artículo 23 de la Constitución de Cuba (2019): reconocen que todas las personas tienen derecho al agua y que este recurso es "propiedad socialista de todo el pueblo".
- El Estado se declara responsable de garantizar el acceso al agua potable y al saneamiento, con uso racional y tarifas subsidiadas.
Mucho ruido y pocas nueces
Los regímenes comunistas suelen redactar constituciones extensas, con catálogos amplios de derechos.
Sin embargo, en la práctica no generan las condiciones materiales para que esos derechos se ejerzan plenamente.
En el caso del agua, la falta de inversiones, la corrupción y la prioridad dada a sectores como el turismo han dejado a la población sin acceso estable.
Deterioro de la infraestructura
- Más de 2,7 millones de cubanos sufren dificultades agravadas en el suministro de agua por fallas energéticas y averías constantes.
- En La Habana, roturas en conductos principales han dejado sin servicio a cientos de miles de personas durante semanas.
- El sistema opera con apenas 37% del combustible necesario, lo que paraliza bombas y distribución.
Factores sociales y económicos
- Bajos salarios e inflación: los ingresos de los trabajadores del sector hidráulico no alcanzan para cubrir necesidades básicas.
- Abandono laboral: en municipios como Camajuaní, las oficinas del servicio de agua permanecen cerradas la mayor parte del tiempo, no prestan servicio de atención al cliente y las plantillas son mínimas.
No estaría mal preguntarse: y si los afectados acusaran a la dirigencia castrista por no respetar ese precepto constitucional, ¿que pasará? De seguro nada, pues la otra falencia es la ausencia del Estado de Derecho y la democracia.