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El curso escolar en Cuba: entre la crisis y el promocionismo
26-08-2026 | El inicio del curso escolar 2026-2027 en Cuba enfrenta una profunda crisis estructural caracterizada por un déficit de más de 24.000 maestros, lo que genera aulas desbordadas y un sistema de "promocionismo" que aprueba alumnos sin un aprendizaje real. Esta situación se agrava por el deterioro de la infraestructura, con más de 2.000 escuelas en ruinas y constantes apagones que interrumpen las clases, sumado a la escasez de alimentos, agua y uniformes caros que las familias apenas pueden costear.

El inicio del curso escolar 2026-2027 en Cuba llega envuelto en discursos oficiales que lo presentan como una “fiesta”. La realidad, sin embargo, es muy distinta: falta de maestros, precariedad material, apagones y escasez de recursos dibujan un panorama sombrío. La educación, antaño vitrina del castrismo, atraviesa hoy un deterioro que amenaza el futuro del país.

Más de 24,000 plazas de maestros están vacantes. El déficit obliga a sobrecargar aulas y simplificar contenidos. Para compensar, se mantiene la flexibilización de las evaluaciones, una estrategia que garantiza la promoción de los alumnos sin aprendizaje real. El llamado “promocionismo” se ha convertido en un fraude institucionalizado. 

La asistencia irregular de estudiantes y docentes, marcada por la precariedad de la vida diaria, se suma a los apagones y la escasez de alimentos, agua y combustible. Todo ello interrumpe el proceso educativo y mina la motivación. 

La escuela, más que formar ciudadanos, sigue orientada a moldear “revolucionarios castristas”. Pero aún conserva su papel como espacio de convivencia, hoy debilitado por la crisis.

La mayoría de los alumnos proviene de familias pobres. La merienda escolar, insuficiente, no logra mitigar el hambre dentro de los recintos educativos. El problema repercute directamente en la atención y el rendimiento. 

A ello se suma la escasez de uniformes. Los precios elevados en el mercado informal o en las mypimes y la baja calidad de las telas convierten este requisito en una carga económica insostenible. Un símbolo visible del deterioro del sistema.

Más de 2,000 escuelas requieren reparaciones urgentes. Techos dañados, humedad y falta de ventilación afectan la salud y el aprendizaje. Al menos 1,500 centros sufrieron daños por huracanes y sismos, con reparaciones parciales y lentas. 

Los apagones y la escasez de agua comprometen la higiene y el uso de medios audiovisuales. Los recursos pedagógicos y deportivos son obsoletos, y los libros escasean. La dependencia de fotocopias y compras privadas a precios elevados se ha vuelto la norma.

El presupuesto estatal para educación en 2026 asciende a 16,56 billones de pesos, con un aumento del 2,2%. Sin embargo, la enseñanza básica apenas crece un 0,4%, mientras la superior aumenta un 7,3%. 

Los salarios docentes, entre 6,130 y 7,735 CUP, resultan insuficientes frente a una canasta básica que supera los 25,000 CUP mensuales. El gasto escolar por niño, cercano a 20,000 CUP, rebasa el salario medio nacional. La ecuación es simple: la educación es insostenible para la mayoría de las familias.

El curso escolar en Cuba comienza marcado por el deterioro: aulas desbordadas, evaluaciones fraudulentas, infraestructura en ruinas, salarios insuficientes y estudiantes que llegan con hambre y sin uniforme. 

La educación, exhibida durante décadas como logro del castrismo, ha sucumbido. El daño en capital humano y valores cívicos es profundo. La escuela, llamada a preparar el futuro, se ha convertido en un espacio de sobrevivencia más, reflejo de la crisis estructural que atraviesa el país.

 
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