
En mi casa el agua debería llegar cada cuatro días, pero ya llevo varios ciclos sin recibir ni una gota. La última vez que pude resolver fue gracias a una batería solar que alimentó mi bomba particular. Mis vecinos, que no tienen baterías ni recursos para comprarlas, no pudieron beneficiarse.
En mi vivienda vive mi madre, una anciana de 98 años. Ella no puede cargar cubos, no puede caminar largas distancias, no puede esperar días enteros sin agua. Esta crisis no es solo un problema técnico: es una agresión diaria contra la dignidad humana.
Lo que me pasa a mí le pasa a cientos de familias en Camajuaní. El municipio depende de un sistema hidráulico que funciona solo cuando hay electricidad. Si hay apagón, el agua se detiene. Las bombas están envejecidas, las tuberías rotas, la presión es mínima y los ciclos se incumplen una y otra vez. No es un hecho aislado: es la norma.
El propio Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos reconoce que en Cuba:
- Solo 61 % de la población tiene acceso a agua potable gestionada sin riesgo.
- Más de 3.1 millones de personas sufren afectaciones totales o parciales en el servicio.
- Apenas 15 % de los hogares recibe agua de forma estable.
- Existen entre 2 500 y 3 000 salideros activos en la red nacional.
- Más de 500 estaciones de bombeo han estado fuera de servicio por apagones.
La infraestructura está obsoleta, las potabilizadoras deterioradas, las redes colapsadas. El país enfrenta sequías, pero también enfrenta décadas de abandono y falta de mantenimiento. Las inversiones actuales no alcanzan ni para frenar el deterioro acumulado.
Y aquí es donde hay que decir las cosas como son.
La crisis del agua en Cuba no es culpa del clima, ni de la geografía, ni de la casualidad. Es consecuencia directa de un modelo de gestión que ha demostrado ser incapaz de garantizar lo más básico: agua para vivir.
Si un gobierno no ha sido capaz de asegurar un servicio tan elemental como este durante décadas, ¿qué se puede esperar ahora que todo está peor?
Mientras mi madre de 98 años espera agua que no llega, mientras mis vecinos cargan cubos desde cuadras lejanas, mientras miles de familias viven en ciclos de sed y desesperación, el régimen sigue sin ofrecer soluciones reales.
La responsabilidad es suya.
El sufrimiento es nuestro.
Y la denuncia es necesaria.
Direcciones para enviar
Gobierno Municipal de Camajuaní:
gobierno@camajuani.vc.gob.cuc
Amnistía Internacional:
info@amnesty.org
14ymedio:
redaccion@14ymedio.com
Relatoría de Naciones Unidas sobre Agua y Saneamiento:
srwatsan@ohchr.org