
El tendero de Havel y los carteles cubanos
En El poder de los sin poder, Václav Havel describe cómo un tendero en la Checoslovaquia comunista coloca en su escaparate el cartel “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo hace por convicción, sino para protegerse, para obtener una suerte de patente de corso que le permita seguir operando sin problemas. Ese gesto es símbolo de la obediencia ritual: aparentar adhesión pública para sobrevivir en un sistema que exige sumisión.
En Cuba, todavía hoy se reproducen escenas similares. Los comercios estatales exhiben carteles por el 1ro de Mayo en apoyo al Partido Comunista, con consignas que rinden culto a los jerarcas. No siempre reflejan convicción, sino la necesidad de mostrar adhesión para evitar sanciones o conservar beneficios. Es el equivalente cubano al cartel del tendero: un gesto de obediencia que sostiene la fachada de legitimidad del régimen, aunque la vida cotidiana esté marcada por apagones, escasez de agua y alimentos, inflación y crisis permanente.
El “Daño Antropológico”
El doctor Dagoberto Valdés ha llamado a este fenómeno “Daño Antropológico”: el impacto cultural y psicológico de décadas de control estatal, que genera miedo, dependencia y autocensura.
> “El cubano ha sido condicionado a depender del Estado, a desconfiar de la organización independiente y a practicar la obediencia ritual para sobrevivir.”
Este daño explica por qué muchos ciudadanos han sido remisos a involucrarse en la búsqueda de un cambio democrático. No es falta de deseo de libertad, sino el peso de generaciones moldeadas por la lógica de la sumisión.
El 11J: un punto de inflexión
Sin embargo, desde el 11 de julio de 2021 (11J) ese daño ha empezado a remontarse. Ese día, miles de personas salieron a las calles en distintas ciudades, rompiendo el silencio impuesto. Desde entonces, prácticamente todos los días se producen protestas espontáneas en algún punto de la geografía nacional.
Los métodos son sencillos pero poderosos:
- Fogatas que iluminan la noche de los apagones.
- Gritos de desaprobación y exigencias que rompen la autocensura.
- Bloqueos de calles que interrumpen la normalidad.
- Cacerolazos que convierten el ruido cotidiano en un grito colectivo.
El despertar ciudadano
Estos gestos muestran un despertar cívico. Poco a poco, el miedo se transforma en valentía, la obediencia ritual en resistencia cotidiana, y la resignación en exigencia de cambio. El “Daño Antropológico” empieza a ser superado por la práctica de “vivir en la verdad”, en el sentido que Havel proponía: pequeños actos de sinceridad y resistencia que, acumulados, erosionan el sistema.
El paralelismo es claro: así como en Checoslovaquia los carteles en los escaparates sostenían la mentira oficial hasta que la sociedad civil decidió romperla, en Cuba los carteles del 1ro de Mayo y las loas públicas al régimen conviven hoy con un creciente despertar ciudadano. La historia demuestra que cuando la gente deja de vivir en la mentira y empieza a vivir en la verdad, incluso los sistemas más rígidos pueden tambalearse.