
En el centro sur de Cuba, donde la tierra se convierte en sustento y la cosecha de arroz marca el pulso de la economía local, se libra una batalla que no aparece en los titulares oficiales. Es la historia de Bárbaro de la Nuez, líder del Movimiento Ciudadano Reflexión y Reconciliación, y jefe de brigada de cosecheros desde hace dos décadas. Su nombre se ha convertido en referencia: por su capacidad organizativa, por los resultados de su brigada, y porque ha logrado que el jornal de los trabajadores sea un parámetro justo en toda la región.
Sin embargo, el éxito y la voz contestataria tienen un precio. Hoy, De la Nuez enfrenta lo que él mismo denomina una “nueva estirpe de chivato”: personas que, mediante la difamación y el desaliento, buscan quebrar su liderazgo. La patraña consiste en desacreditarlo ante los cosecheros para que no lo contraten y en sembrar dudas dentro de su brigada. No es casualidad: quien defiende a los trabajadores, quien presiona para que los precios del jornal suban en beneficio de todos, se convierte en blanco de quienes temen perder privilegios.
La paradoja es evidente. En Aguada de Pasajeros y sus alrededores se ha creado un nicho de economía de mercado que funciona al margen de la intervención estatal. Allí, la asignación de recursos, la fijación de precios y la coordinación del trabajo se realizan de manera autónoma. El resultado: el mayor rendimiento agrícola de arroz del país. Mientras especialistas extranjeros intentan imponer métodos que no prosperan, las fuerzas del mercado local han demostrado ser más eficaces.
La red de brigadas —seis en Aguada, cinco en Guanal, cinco en Covadonga, tres en Amarilla, una en Jesús Rabí, además de decenas de trabajadores informales y campesinos independientes— es prueba de que la organización comunitaria puede sostener un sistema productivo robusto. En ese entramado, la figura de De la Nuez es central: un organizador nato y, al mismo tiempo, un líder contestatario que enseña a medir, reclamar y defender derechos.
Lo que está en juego no es solo la reputación de un hombre, sino la posibilidad de que los trabajadores mantengan un espacio de autonomía económica y dignidad laboral. La campaña de descrédito contra De la Nuez revela una tensión más profunda: la incomodidad que genera un liderazgo que desafía tanto las estructuras tradicionales como las nuevas formas de control social.
En los arrozales de Aguada de Pasajeros se libra una batalla silenciosa, pero decisiva. No se trata únicamente de cosechar granos, sino de cosechar justicia. Y en esa lucha, la voz de Bárbaro de la Nuez encarna la resistencia de quienes no aceptan ser silenciados.