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La Cultura como Ruta de Liberación
02-07-2026 | Bajo la fórmula "Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada", la política cultural cubana nació no del consenso, sino de la imposición. Este control político totalitario mutiló la diversidad artística y ató la identidad nacional al socialismo; un secuestro creativo que demuestra que Cuba no podrá alcanzar una liberación real hasta que su cultura rompa la camisa de fuerza del poder.

El discurso de Fidel Castro en la Biblioteca Nacional, el 30 de junio de 1961, conocido como Palabras a los Intelectuales, trazó la hoja de ruta de la política cultural cubana. No fue el resultado de un consenso entre creadores, sino la imposición de un solo hombre que, desde el poder, definió los límites de la libertad artística. La célebre fórmula “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada” convirtió la cultura en un espacio vigilado, donde la creación debía someterse a la ideología oficial. En cualquier país, aun bajo regímenes autoritarios, existen múltiples cultivadores que, con mayor o menor margen, aportan diversidad; en Cuba, en cambio, se consagró la idea de que la política cultural era obra exclusiva de Castro, lo más antinatural y retorcido que pueda concebirse.

La censura del documental PM fue el detonante de aquel debate, pero lo que se consolidó fue mucho más grave: la subordinación de la cultura al poder político. Intelectuales como Miguel Barnet, Abel Prieto y Armando Hart reforzaron esa narrativa, sustituyendo el pluralismo por una visión única, donde la identidad nacional quedaba atada al pensamiento socialista. La Constitución vigente lo confirma en su artículo 39, al declarar que la creación artística es libre únicamente si no se opone a la Revolución. Es decir, la libertad existe solo dentro de los límites que el poder impone, lo que convierte la cultura en un enclave autoritario.

La consecuencia ha sido la mutilación de la diversidad cultural y la perpetuación de un modelo de control que niega la esencia misma de la creación. La nación, atrapada en esa camisa de fuerza, no puede liberarse plenamente mientras la cultura siga siendo instrumento de legitimación política. Por ello, la verdadera emancipación de Cuba pasa necesariamente por destrabar esos enclaves autoritarios que aprisionan la producción artística. Solo cuando la cultura recupere su carácter colectivo, plural y libre, la nación podrá respirar y reencontrarse con su riqueza. La liberación nacional comienza en la liberación de su cultura.

 
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