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El castrismo frente al sistema demoliberal: una reflexión crítica
30-06-2026 | La confesión de Ramiro Valdés en Granma es la prueba irrefutable de la esencia antidemocrática y fascista del castrismo. Los líderes son designados desde arriba, mientras las elecciones del Poder Popular se reducen a un ritual vacío. El ciudadano, que debería ser sujeto de derecho y protagonista de la vida pública, queda borrado de la escena política.
Raúl Castro y Ramiro Valdés - Foto: Captura de video

El fallecido comandante Ramiro Valdés, figura histórica del régimen cubano, dejó en una entrevista publicada recientemente en el periódico Granma una confesión que no puede pasar inadvertida. Reconoció con naturalidad que los cuadros dirigentes han sido seleccionados por la generación histórica, y que el más destacado de ese proceso ha sido Miguel Díaz-Canel. Esa afirmación, salida de la voz de uno de los principales protagonistas del sistema, constituye una prueba irrefutable de la esencia antidemocrática del castrismo. 

El régimen se revela como verticalista: los líderes son designados desde arriba, mientras las elecciones del llamado Poder Popular se reducen a un ritual vacío, una liturgia destinada a guardar las apariencias. El ciudadano, que debería ser sujeto de derecho y protagonista de la vida pública, queda borrado de la escena política. La existencia de un único partido, que monopoliza el discurso y la conducción de la sociedad y del Estado, refuerza esa exclusión. Sus militantes no son elegidos por la ciudadanía, sino cooptados en una cofradía cerrada que se reproduce a espaldas del pueblo. El origen mismo del poder, conquistado por las armas y perpetuado sin elecciones libres, confirma la naturaleza antidemocrática del sistema. 

El fracaso de los programas gubernamentales encuentra aquí su explicación más profunda. Al barrer al individuo-ciudadano, el castrismo ha eliminado la posibilidad de que surjan soluciones desde abajo, ha sofocado la innovación y ha condenado a la ineficacia cualquier proyecto económico o social. Sin ciudadanos libres y empoderados, no hay desarrollo posible. La fuerza creadora del individuo, que es la verdadera fuente de oportunidades y prosperidad, ha sido sustituida por la obediencia pasiva de la colectividad. 

Por ello, al pensar en un futuro proyecto nacional, no basta con definir una nueva constitución, leyes de desarrollo, subsistemas de partidos políticos, administración de justicia o sistema electoral. Todo ello es necesario, pero insuficiente. La verdadera reconstrucción de la República exige, además, un énfasis especial en la formación ética y cívica de los futuros ciudadanos. El rescate del ciudadano debe complementarse con una educación que lo prepare para ejercer sus derechos y responsabilidades en libertad. 

Solo así podrá habitarse una buena República, donde el individuo recupere su protagonismo y se convierta en el motor de un desarrollo auténtico y sostenible. El futuro de Cuba no puede ser únicamente institucional: debe ser, sobre todo, humano, ético y cívico. Esa es la base de la nueva nación que habrá de levantarse.

 
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